miércoles, 27 de marzo de 2019

martes, 3 de abril de 2007

Reivindicaciones

Los blogs hoy en día se usan para innumerables cosas: mostrar tu opinión, hablar sobre un tema que te interesa o del que sabes (o se supone que sabes) bastante, protestar o reivindicar algo, etc. Esto último es lo que hace nacer este blog. Un blog para y de Diana, aunque la primera entrada la escriba yo, pero al fin y al cabo, tampoco es tan raro: compartimos tantas cosas que por qué no compartir un blog (eso sí, espero que de aquí en adelante yo sólo lo comparta de lectura).

Y para comenzar, un cuento. Un cuento suyo:

Vacaciones siderales

Las vacaciones pasadas fueron muy especiales para Sergio. Fueron a la casa de los abuelos, a un pueblo con playa de Galicia. Además ese año también estaban allí los tíos, con la prima Susana con la Sergio se lo pasaba muy bien.

Las mañanas en la playa eran súper divertidas, y las tardes jugando por el pueblo también, pero lo más divertido de todo, era cuando por la noche, el abuelo les contaba historias. Se sabía muchas, de dragones, de caballeros y princesas, de la selva. Se sabía historias de todo! Historias de las estrellas, de los planetas….

Una noche, después de cenar, Sergio y Susana salieron al jardín con el abuelo, se tumbaron allí, en unas toallas, mirando hacia el cielo. El abuelo que sabía muchas cosas empezó a señalar estrellas y a contarles cosas sobre ellas:

--Mirad chicos, veis aquellas estrellas de allí? --Dijo el abuelo-- Hace muchos años, los griegos decidieron ponerle nombre a algunas estrellas, para ello, las unieron en grupos, las llamaron constelaciones y las pusieron nombres. Algunas de ellas tienen historias realmente increíbles.

--¿Constelaciones?-- Dijo Sergio-- ¡qué nombre más raro!

Esa noche, el abuelo le hablo de la constelación de Orión. Es la constelación más bonita del cielo, y tiene la estrella más brillante del cielo, más incluso que el sol. Le contó que en la mitología griega, que eran los cuentos que decían los griegos sobre sus dioses, Orión era un gigante y un cazador, la diosa Artemisa Diosa de la luna, se enamoró de él, y dejó de salir por la noche a iluminar la tierra, su hermano gemelo Apolo Dios del sol, retó a Artemisa a que no era capaz de tirar una flecha con su arco y acertar a un animal que estaba en el bosque oscuro, ella aceptó y tiró la flecha, acertando en el animal como hacía siempre. Pero cual fue su sorpresa cuando a lo que había acertado era a Orión. Se puso muy triste así que lo convirtió en estrellas colocándolo en el cielo donde siempre pudiera verlo.

Cómo le gustó a Sergio aquella historia! Se fue a la cama pensando en Apolo, en Artemisa y en Orión. Se puso el pijama pensando en el arco de Artemisa, él quería ser un arquero. Y Susana quería ser tan bella como Artemisa, Diosa de la caza, diosa de la luna Se durmieron pensando en la historia del abuelo, en las estrellas y en el espacio.


En el pueblo, había una señora muy mayor que los chavales de allí decían que era una meiga. Era solitaria y misteriosa, y vivía en una casita alejada del pueblo. Un día, Sergio y Susana fueron a jugar cerca de su casa, la señora salió de su casa y les dijo gritando que se fueran de allí, que may no se podía jugar, pero Sergio y Susana no la hicieron caso. Ella se enfadó mucho y gritando cosas en un idioma que no entendían bien se acercó hasta ellos.

--¡¡¡Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas

Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas!!!—dijo la bruja— Jajajaj! Y cuando lleguéis a casa, encontrareis allí una sorpresa de esta Meiga! Jajaja! – Y la bruja se metió en su casa riendo y riendo.

Los chicos se asustaron de esa risa, y se fueron corriendo hasta casa. Qué sorpresa se llevaron, cuando al llegar todo el mundo buscaba al abuelo, había desparecido!!! No estaba!!!

Qué tristes se pusieron Sergio y Susana, estaban seguros que había sido cosa de la bruja de la casa solitaria, que había sido ella, la que se lo había llevado lejos, pero ahora, cómo encontrar al abuelo? Donde se lo podía haber llevado???

Susana y Sergio se fueron a dar un paseo, estaban tristes y sólo querían recordar al abuelo, fueron caminando hasta un acantilado donde siempre iban con él. Allí se sentaron cerca del mar y juntos empezaron a llorar. Cuando de repente, una tormenta revolvió el mar, y del agua salió como por arte de magia un ser.

¿Sabéis quién era? ¿Sabéis quién es el rey de Mar? Era Neptuno, que se había apiadado de sus lágrimas y su tristeza y quería ayudarlos.

--Niños, no lloréis—dijo Neptuno--- Yo se dónde está vuestro abuelo, yo os puedo ayudar a que lo encontréis.

Sergio y Susana se pusieron muy contentos y de un salto se levantaron de la playa


--¿Dónde está? ¿Cómo podemos ir con él?—dijeron los niños a la vez.

--Bien, sólo hay una persona que puede ayudaros, él es Apolo, el Dios del sol, y la mejor hora para que podáis hablar con él es al amanecer. Así que ahora, iros a descansar, porque mañana muy temprano, él os espera. – Dijo Neptuno.

--Gracias, gracias, aquí estaremos, al amanecer--- Dijeron agradecidos los niños.

Aquella noche casi les es imposible conciliar el sueño, pero estaban seguros que les esperaban muchas aventuras y tenían que descansar. Antes del amanecer, se despertaron, y con mucho cuidado para no despertar a nadie, salieron de la casa para dirigirse a la playa donde habían quedado con Apolo.

Al llegar, los primeros rayos del sol comenzaban a salir por el horizonte, y allí estaban ellos, nerviosos, impacientes por conocer cual sería su destino, por saber como rescatarían al abuelo.

--¡Niños!—Dijo Apolo--- Vuestro abuelo es un gran amigo mío, es por eso que voy ayudaros a que lo encontréis. Esa malvada bruja lo ha llevado al espacio y lo ha colocado en un lugar que no consigo ver, deberéis ir allí, vivir inolvidables aventuras, investigar dónde está vuestro abuelo, y una vez que lo hayáis encontrado el hechizo se deshará y juntos volveréis a la tranquilidad de la tierra.

--Pero, ¿cómo podremos subir al espacio?—preguntó Sergio.

--Muy buena pregunta—dijo Apolo—Para ello, os daré un cohete espacial ultimo modelo para que podáis subir al espacio y moveros por allí, pero recordad, debéis tener cuidado, los seres espaciales pueden ser peligrosos…

Apolo cogió un rayo de sí mismo y lo depositó en la playa, cerca de los niños, y cuando giraron la cabeza, ese rayo de sol se había convertido en un estupendo cohete espacial. Susana y Sergio, abrieron la portezuela y entraron. Se sentaron en sus sillas especiales, se pusieron su cinturón de seguridad (los niños hacen que se ponen el cinturón de seguridad) e iniciaron un viaje sideral:


En mi cohete espacial

voy surcando el cielo azul

no me siento especial

también puedes hacerlo tú


Quieres venir?


¡Estrellas y soles

constelaciones y cometas

aventuras y diversión

meteoritos y planetas

va molar un montón!


Iniciamos despegue!

Necesitamos una cuenta atrás!!

5, 4, 3, 2, 1 0!!!!


Estamos en el espacio, y en el espacio todo el mundo flota, a ver como flotamos… los brazos y las piernas flotas, no existe el sonido, así que no se puede hablar, sólo abrir y cerrar la boca sin que salga ningún sonido. A ver cómo lo hacéis…

Sergio y Susana aterrizaron el la estrella de Rigel que es la estrella más brillante de la constelación de Orión. Brilla más incluso que el sol pero como está más lejos, pues parece que no. ¡Cómo se acordaban ellos de la historia de Orión que les había contado el abuelo!

Salieron de su cohete y muuuuuy despacio se acercaron hasta la cabeza de Orión, y allí le preguntaron:

--¡OH! Orión, gran arquero, sabes tú donde está nuestro abuelo

--No, niños, lo siento, vuestro abuelo no está por aquí, pero es seguro que mis amigas las Pléyades sí que saben donde está—Les contestó la cabeza de Orión el arquero.

--Y, ¿dónde están esas Pléyades?—Preguntó Susana

--Las Pléyades son siete hermanas que están juntas en el cielo, brillan todas mucho porque todas se casaron con dioses, todas menos una, la hermana más pequeña, que no se casó nunca con ningún dios, y es por eso que brilla menos. Ir y preguntar a Merope que es la hermana pequeña. Ellas os ayudarán. Pero tenéis que tener cuidado, porque entre ellas y nosotros está Tauro, el gran toro, y deberéis luchar contra él si queréis llegar hasta las hermanas. – Les dijo Orión.

--¿Y cómo lucharemos? ¡Nosotros sólo somos unos niños!—Dijo Sergio

--No os preocupéis, yo os ayudaré, tomad un arco y flechas, ya sabéis que soy un gran arquero, juntos lo derrotaremos. Pero también debemos luchar contra los perros, el perro mayor y el perro menor, que están aquí detrás de mi, deberemos tener cuidado, porque no nos dejarán que os acerquéis a las hermanas.

Entonces, Sergio y Susana cogieron los arcos que les daba Orión, y empezó una peligrosa batalla contra los perros y el Tauro, el enorme toro.

(Aquí, unos niños hacen de perros, de toros y otros de arqueros, se hace un juego divertido donde unos tiran arcos, otros ladran y otros mugen, y los toros y los perros poco a poco van quedando tendidos en el suelo)

Terminaron ganando la salvaje batalla y por fin, Sergio y Susana llegaron hasta las Pléyades y hablaron con Merope.

--Hola bella Merope—dijo Susana,-- Puedes tu ayudarnos a encontrar a nuestro abuelo?

--Nosotras somos bellas mujeres que todo lo vemos en nuestro espejo mágico—les contó Merope—Dejadme que hable con mis hermanas y que juntas consultemos al oráculo del espejo.

Merope se reunió con sus hermanas y juntas miraron sus espejos entonando esta canción:

Espejito que todo lo ves

Dime dime dónde está,

El abuelo de estos niños

Para poder encontrarlo ya


Pero la fuerza de las Pléyades no era suficiente, necesitamos la fuerza de mucha gente, ¿¿nos ayudáis??

(Aquí se les dice a los niños que tienen que coger su espejo mágico invisible que tienen al lado, y entonar la canción con el cuenta cuentos un par de veces)

Entonces, Merope dijo:

--¡Ya sé donde está! Pero no podremos verlo porque está escondido

Se reunió con sus hermanas y de repente se convirtieron en siete estupendas luciérnagas a cual más brillante, como lo son siendo estrellas, y cogieron de las manos a los niños, volando y volando por el espacio estelar llegaron hasta la cara oculta de la luna, y con la fuerza de su luz, encontraron al abuelo escondido en uno de esos cráteres que tiene la luna.

Los niños se abrazaron al abuelo, que se puso muy contento de verlos, y arropados por las Pléyades fueron llevados hasta la estrella donde habían aterrizado con su cohete espacial. Allí, se despidieron de todas las hermanas, de Orión y de Apolo y se montaron en el cohete, poniéndose otra vez el cinturón de seguridad (que los niños hagan el gesto) y volviendo a iniciar su viaje sideral:

En mi cohete espacial

voy surcando el cielo azul

no me siento especial

también puedes hacerlo tú


Quieres venir?


¡Estrellas y soles

constelaciones y cometas

aventuras y diversión

meteoritos y planetas

va molar un montón!


Iniciamos despegue!

Necesitamos una cuenta atrás!!

5, 4, 3, 2, 1 0!!!!


Regresaron a la playa de donde habían salido, ya no flotaban, estaban otra vez en la tierra. Juntos volvieron a casa y en el camino, prometieron que esa aventura vivida sería un secreto entre los tres.

Pero desde entonces, cada vez que llega la noche, y juntos observan el cielo, las estrellas y constelaciones para ellos, tienen un brillo especial.